El Atlético se enreda con un Villarreal que le regala un punto sobre la bocina

Salva un empate por un grave error de la defensa amarilla en añadido. El Real Madrid, nuevo líder

Correa trata de deshacerse de Albiol en un ataque rojiblanco.

A veces el fútbol puede ser tan absurdo que es mejor dejarse llevar. Cómo explicar que en el último balón del partido, un pelotazo de Saúl a la desesperada, Mandi metiera la cabeza en dirección a su portería. Que Rulli saliera cuando sus centrales parecían tener la situación controlada. Que el balón le cogiera a contrapié, que el portero resbalara, que el Atlético de Madrid rescatara el punto que merecía en la jugada más insospechada.

Qué no habría pasado por la cabeza de Simeone cuando vio que Giménez intentaba cederle con el pecho a Savic un balonazo en largo con dos rivales encima. Qué no cuando vio que al montenegrino le pillaba dormido. Cuando Arnaut Danjuma le comió la tostada, cuando Yéremi Pino recortaba ante los dos y lo dejaba solo. Cuando vio que un error impropio le podía a su equipo la primera derrota en un partido que había dominado. Cuando vio que un error absurdo podía costarle la primera derrota de la temporada.

Lo tuvo todo el Atlético de Madrid menos lo más importante. Lo que ha tenido siempre, la concentración defensiva, y lo que está teniendo esta versión más atrevida, el colmillo en el área contraria. Y esa falta de determinación en las áreas le costó los dos puntos en un partido en el que había empezando barriendo al Villarreal.

Porque el equipo de Simeone fue un torbellino de inicio. Como si la corriente que salía de las gradas fuera enchufada al césped. El grupo rojiblanco impuso un ritmo por momentos agobiante para el Villarreal. Los de Unai Emery, que por lo general suelen salir bien de la presión en campo contrario, tardaron en encontrarle las vueltas a la intensidad atlética. Cuando no eran errores por precipitación, era por pura física: las camisetas rojiblancas aparecían en más sitios.

LEMAR, MULTIPLICADO

Y al frente Lemar jugando como un centrocampista de recorrido interminable: colmillo en la presión, criterio en el inicio de la jugada y decisión en los metros finales. En definitiva, alguien por quien cualquiera pagaría 80 millones. Al francés le ha sentado bien el paso al interior, donde ha encontrado libertad para mostrarse como es. Centrocampista, hombre de banda y atacante según el momento, la necesidad o la puerta que encuentre abierta.

De sus pies salieron algunas de las mejores ocasiones del Atlético en la primera parte. La más imponente, una jugada que empezó con un robo en el centro del campo, siguió con un pase al hueco para la subida de Trippier y terminó con un doble remate. El primero al palo tras toque de Rulli y el segundo a las nubes.

El resto salieron de las de Correa, a quien no se le ha ido en ángel desde aquel abrazo de Simeone. El argentino tiene un don para convertir cualquier balón cerca del área en una acción de peligro. Un control orientado que vale por medios goles y un remate certero que esta vez no tuvo afilado.

Pero a veces importan tan poco las dinámicas y los méritos en el fútbol que, después de 50 minutos de mando rojiblanco, el Villarreal ya se había adelantado en su primera acción de peligro. Yeremi Pino se escapó por la derecha, rajó un dos contra uno con un recorte en seco hacia dentro y centró raso a la frontal para que Trigueros rematara de primeras con el interior. Un golpeo bien dirigido y una mala respuesta de Oblak.

Importan tan poco que dos minutos más tarde, Correa, siempre tan ratonero, aprovechó un error en un saque de banda del Villarreal en defensa para colarse en el área y cederla atrás para que Luis Suárez, anónimo el resto de la noche, pusiera el empate. Pero ese es también el valor del uruguayo: por poco que participe, basta que tenga alguna en zona de peligro para que saque el martillo.

Importan tan poco, al fin y al cabo, que en la jugada más absurda de la noche el Atlético encontró el punto que tanto había buscado.

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